Bien, puede que mi mensaje pretendiera responder no sólo al tuyo, sino a
muchos otros que había ido leyendo que trataban de justificar de una u
otra forma el gasto militar. Es imposible responder a todos los
mensajes, así que discúlpame si te sentiste muy directamente
atacado.
Existe una idea que todos llevamos grabada a hierro en nuestras mentes
desde hace muchísimas generaciones, pero eso no la convierte en
cierta. Es la que iguala fuerza con seguridad. Nuestra fuerza no
garantiza nuestra seguridad, y más si esa fuerza produce inseguridad
en nuestros vecinos. Si estás interesado en entender mi argumentación
te propongo que leas la
carta que un obispo católico americano ,
ex-teniente coronel del ejército de los EEUU y ex-combatiente en
Vietnam, escribió hace pocos días a su presidente Bush. Él lo explica
con mucha más claridad de lo que yo sería capaz, y de paso hace una
lista (ni mucho menos exhaustiva) de algunos abusos de poder que los
EEUU han cometido en los últimos 50 años, de esos que tú no sabes
ver. (Tú hablas de los abusos de la OTAN, pero en realidad la
OTAN no es más que una extensión del ejército de los EEUU, que
Washington utiliza sólo cuando necesita dar una sensación de más
consenso en sus intervenciones. Lo que puede confundir aquí a mucha
gente, es la identificación del ejército de los EEUU con el propio
país, EEUU, y son cosas distintas. En estos momentos el ejército de los EEUU (y la
OTAN) son el brazo ejecutivo del imperio económico mundial, que se
localiza principalmente en los EEUU, pero no exclusivamente). Una
pregunta retórica: si esos abusos no existen, ¿por qué EEUU no permite que el
Tribunal Penal Internacional juzgue a sus soldados?
Tu argumento para justificar el armamentismo se fundamenta
implícitamente en esta ecuación fuerza = seguridad. Establece que
cuando un "enemigo" decide armarse nosotros no
tenemos más remedio que armarnos también para contrarestar su fuerza
con la nuestra. Pero hay otra cuestión (como mínimo) que falla en este
razonamiento.
Ni los países más grandes pueden desarrollar una industria militar
poderosa sin la connivencia de los demás, puesto que necesitan del
comercio exterior para abastecerse de materias primas, tecnología,
mano de obra barata, o todas a la vez. Por poner un caso extremo que
he leído hoy en un periódico electrónico:
durante la segunda guerra mundial había bastantes corporaciones
estadounidenses que comerciaban con los nazis, entre ellas Chase Bank,
Ford, International Telephone y Standard Oil. Las divisiones acorazadas de Hitler fueron construidas por la Adam-Opel y la Ford de Colonia, propiedades subsidiarias de la General Motors y la Ford.
Mientras Alemania se armaba a un ritmo acelerado durante los años 30,
todo un sector de poder del resto de potencias trabajaba, no para
tratar de establecer medidas que frenaran el belicismo alemán, sino
para que este se siguiera desarrollando. Unos se enriquecían
directamente con ello (Ford, etc.), y otros indirectamente al justificar el
belicismo alemán el belicismo del resto de países. Por esas fechas (posteriores al crack del 29) el
capitalismo pasaba por su peor crisis hasta el momento, y la guerra
vino a rescatar la economía americana del abismo (el New Deal por sí
solo no habría llegado muy lejos).
Este tipo de economía basado en la guerra sigue presente hoy, y nos da una cierta
sensación de seguridad a unos determinados países que no juntamos ni
el 10% de la población mundial (aunque hasta 1945 este mismo modelo
nos acarreó muchísimos problemas). Para los ciudadanos del resto de
países este modelo económico supone vivir en la inseguridad más
absoluta. Pero más aún (y aquí enlazo con lo ya dicho sobre la falsa
asociación entre fuerza y seguridad), a largo plazo nos volverá a traer inseguridad a este afortunado 10%. 11-S y Bali son dos ejemplos muy
vistosos, pero no son más que la punta del iceberg.
Ahora como entonces, son las grandes empresas las que salen
benficiadas con el militarismo, no la ciudadanía. La OTAN es uno de
los instrumentos más importantes que tienen estas empresas para
promover el militarismo a nivel mundial.
Es espeluznante ver hasta qué punto la economía de las potencias
industrializadas se fundamenta en la guerra. Por un lado el armamentismo engrasa el
sistema productivo. Por otro, el desarrollo militar permite apropiarse por la fuerza de
mercados en los que abastecerse de materias primas y donde
vender mercancías. En esto nos diferenciamos poco del feudalismo que tú nombras.
Nuestros valores individuales parecen muy diferentes de los de aquella
época, pero colectivamente nos comportamos de manera parecida. Esto me
lleva a una última consideración: yo no me arrogaría esa supuesta
superioridad cultural de la que hablas. Algunos pseudo-científicos
pretenden establecer una jerarquización de las culturas, una vez la
ciencia ha descartado con contundencia la posibilidad de una
jerarquización de las razas humanas. Este 'racismo cultural' viene a
suplir al racismo étnico clásico en su función de justificar los
abusos que algunos pueblos cometemos a diario sobre otros, por estar
nuestras acciones sustentadas en unos valores e ideales supuestamente
superiores (hasta el punto de que muchos no percibís estas acciones
como abusos). Todo esto me parece muy peligroso. La cultura es un
concepto maleable y difuso. La sociedad alemana, que en su
momento fue cómplice de una de las mayores tragedias de la historia y símbolo
de la barbarie, es sólo 50 años después una de las más pacifistas, y una de
las democracias más sólidas. Yo prefiero pensar que en toda cultura
existen valores más progresistas y valores más reaccionarios, y que
todas son capaces de lo mejor y de lo peor a la vez. Las situaciones
de precariedad económica y de injusticia prolongada son las que
permiten que unos determinados valores y no otros afloren y se extiendan.
Y por último, no subestimes nunca el poder de manipulación de los medios de
comunicación de masas.
Re:El negocio de la guerra
(Puntos:1)Bien, puede que mi mensaje pretendiera responder no sólo al tuyo, sino a muchos otros que había ido leyendo que trataban de justificar de una u otra forma el gasto militar. Es imposible responder a todos los mensajes, así que discúlpame si te sentiste muy directamente atacado.
Existe una idea que todos llevamos grabada a hierro en nuestras mentes desde hace muchísimas generaciones, pero eso no la convierte en cierta. Es la que iguala fuerza con seguridad. Nuestra fuerza no garantiza nuestra seguridad, y más si esa fuerza produce inseguridad en nuestros vecinos. Si estás interesado en entender mi argumentación te propongo que leas la carta que un obispo católico americano , ex-teniente coronel del ejército de los EEUU y ex-combatiente en Vietnam, escribió hace pocos días a su presidente Bush. Él lo explica con mucha más claridad de lo que yo sería capaz, y de paso hace una lista (ni mucho menos exhaustiva) de algunos abusos de poder que los EEUU han cometido en los últimos 50 años, de esos que tú no sabes ver. (Tú hablas de los abusos de la OTAN, pero en realidad la OTAN no es más que una extensión del ejército de los EEUU, que Washington utiliza sólo cuando necesita dar una sensación de más consenso en sus intervenciones. Lo que puede confundir aquí a mucha gente, es la identificación del ejército de los EEUU con el propio país, EEUU, y son cosas distintas. En estos momentos el ejército de los EEUU (y la OTAN) son el brazo ejecutivo del imperio económico mundial, que se localiza principalmente en los EEUU, pero no exclusivamente). Una pregunta retórica: si esos abusos no existen, ¿por qué EEUU no permite que el Tribunal Penal Internacional juzgue a sus soldados?
Tu argumento para justificar el armamentismo se fundamenta implícitamente en esta ecuación fuerza = seguridad. Establece que cuando un "enemigo" decide armarse nosotros no tenemos más remedio que armarnos también para contrarestar su fuerza con la nuestra. Pero hay otra cuestión (como mínimo) que falla en este razonamiento.
Ni los países más grandes pueden desarrollar una industria militar poderosa sin la connivencia de los demás, puesto que necesitan del comercio exterior para abastecerse de materias primas, tecnología, mano de obra barata, o todas a la vez. Por poner un caso extremo que he leído hoy en un periódico electrónico: durante la segunda guerra mundial había bastantes corporaciones estadounidenses que comerciaban con los nazis, entre ellas Chase Bank, Ford, International Telephone y Standard Oil. Las divisiones acorazadas de Hitler fueron construidas por la Adam-Opel y la Ford de Colonia, propiedades subsidiarias de la General Motors y la Ford.
Mientras Alemania se armaba a un ritmo acelerado durante los años 30, todo un sector de poder del resto de potencias trabajaba, no para tratar de establecer medidas que frenaran el belicismo alemán, sino para que este se siguiera desarrollando. Unos se enriquecían directamente con ello (Ford, etc.), y otros indirectamente al justificar el belicismo alemán el belicismo del resto de países. Por esas fechas (posteriores al crack del 29) el capitalismo pasaba por su peor crisis hasta el momento, y la guerra vino a rescatar la economía americana del abismo (el New Deal por sí solo no habría llegado muy lejos).
Este tipo de economía basado en la guerra sigue presente hoy, y nos da una cierta sensación de seguridad a unos determinados países que no juntamos ni el 10% de la población mundial (aunque hasta 1945 este mismo modelo nos acarreó muchísimos problemas). Para los ciudadanos del resto de países este modelo económico supone vivir en la inseguridad más absoluta. Pero más aún (y aquí enlazo con lo ya dicho sobre la falsa asociación entre fuerza y seguridad), a largo plazo nos volverá a traer inseguridad a este afortunado 10%. 11-S y Bali son dos ejemplos muy vistosos, pero no son más que la punta del iceberg.
Ahora como entonces, son las grandes empresas las que salen benficiadas con el militarismo, no la ciudadanía. La OTAN es uno de los instrumentos más importantes que tienen estas empresas para promover el militarismo a nivel mundial.
Es espeluznante ver hasta qué punto la economía de las potencias industrializadas se fundamenta en la guerra. Por un lado el armamentismo engrasa el sistema productivo. Por otro, el desarrollo militar permite apropiarse por la fuerza de mercados en los que abastecerse de materias primas y donde vender mercancías. En esto nos diferenciamos poco del feudalismo que tú nombras.
Nuestros valores individuales parecen muy diferentes de los de aquella época, pero colectivamente nos comportamos de manera parecida. Esto me lleva a una última consideración: yo no me arrogaría esa supuesta superioridad cultural de la que hablas. Algunos pseudo-científicos pretenden establecer una jerarquización de las culturas, una vez la ciencia ha descartado con contundencia la posibilidad de una jerarquización de las razas humanas. Este 'racismo cultural' viene a suplir al racismo étnico clásico en su función de justificar los abusos que algunos pueblos cometemos a diario sobre otros, por estar nuestras acciones sustentadas en unos valores e ideales supuestamente superiores (hasta el punto de que muchos no percibís estas acciones como abusos). Todo esto me parece muy peligroso. La cultura es un concepto maleable y difuso. La sociedad alemana, que en su momento fue cómplice de una de las mayores tragedias de la historia y símbolo de la barbarie, es sólo 50 años después una de las más pacifistas, y una de las democracias más sólidas. Yo prefiero pensar que en toda cultura existen valores más progresistas y valores más reaccionarios, y que todas son capaces de lo mejor y de lo peor a la vez. Las situaciones de precariedad económica y de injusticia prolongada son las que permiten que unos determinados valores y no otros afloren y se extiendan.
Y por último, no subestimes nunca el poder de manipulación de los medios de comunicación de masas.